Leyendo la broma infinita

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Llora por lo que no tiene que llorar, por lo que tiene que llorar no llora

Llora por lo que no tiene que llorar, por lo que tiene que llorar no llora
Helena Pérez
May 23, 2013 

Cuando en Soy Leyenda cae muerta la perrita me largo a llorar. Lo defendió hasta el final y uno sabe que hasta el final, en el caso de los perros, significa eso: hasta el final. Cuando intenta salvarla es imposible, no se puede mirar eso. Cuando la tiene en brazos y la acompaña hasta el último latido, no se tolera. Le pedí por favor al mozo del bar que cambiara de canal porque no podía llegar entera a la parte del entierro. Me dijo: pero si es sólo un perro. Si tuviera que elegir entre una persona que no conozco y mi perra, no me caben dudas que decido por mi perra. No me interesa ni me conmueve la idea de que una persona vale más o tiene más sentido en esta tierra. Entre mucha gente que tuve la poca fortuna de conocer y mi perra sigo eligiendo a mi perra. Ella antes que a ella misma me elegiría a mi. Y al amor se le corresponde con amor.

En Valparaíso hay mucho perro suelto y todos lo mencionan como si fuera un misterio, cuando el único misterio es por qué la gente a veces es subhumana. Hace poco volví a ver en el cine Woman On The Beach que tiene la virtud de exhibir la maldad humana cuando una pareja deja el perro en la ruta, el auto arranca y el perro corre, corre, no deja de correr. Cada vez que veo esa escena espero que choquen. La gente se comporta con los animales con una ética de superioridad que no se corresponde con las pocas habilidades que tienen para mantener aunque sea una charla más o menos decente. Ayer me mostraron el famoso whatsapp, que es como IRC hace 15 años pero te dicen que es nuevo. Cada vez que abro Twitter veo un mensaje de odio contra una compañía de telefonía móvil, o uno quejándose a la prestadora de banda ancha que no les permite quejarse de la prestadora de telefonía móvil. Otro año sin celular. Corté la tarjeta de crédito, no tengo laptop y me dicen que voy para atrás. Puede ser que vaya para atrás pero mi idea de ir para adelante no es pagarle a alguien que no me da lo que quiero para poder justificar ese acto voluntario de estupidez diciendo “no puedo vivir sin esto”. Cada tanto escucho: “Yo desconecto siempre el teléfono de línea porque me freakea que alguien me llame”. Creo que en realidad lo que freakea a la gente es que ese teléfono nunca suene y cuando lo hace del otro lado esta la prestadora de telefonía móvil que ahora también te ofrece internet para que un montón de desconocidos te contesten un mensaje que en realidad no le importa a nadie.

Las ventanas de la Sala Lugones estaban abiertas en la última edición del BAFICI y me puse a pensar si alguien sería capaz de tirarse. Creo que el fin del mundo va a venir impulsado por mucho suicidio sorpresivo. Fuiste al cine y se tiró un tipo, fuiste a comer una porción a Güerrín y se metió una pareja en el horno, estás queriendo comprobar si el pibe te da un beso o te deja en offside y una mina se para de frente al 26, que seca la sangre con el limpiaparabrisas porque ya es costumbre. En los amantes a la vida el daño colateral va a causar estragos, que te arruine el auto un tipo que pensó que podía volar, que te manche el vestido una piba que sacó una pistola con la que se disparó dos veces porque la primera no funcionó. Me interesa eso. Me interesa más que la metáfora zombie en la que todos se piensan sobrevivientes pero en realidad ya están muertos. ¿Quién será el que te tienta abriendo las ventanas de la Sala Lugones? Alguien esta jugando a la ruleta rusa y pronto vamos a tener novedades.

Bajé por las escaleras, me metí en un baño. Siguen verdes, medio azules, poca luz. Un chico entro atrás mío y mientras me gritaba ¡espero que no te moleste! se metía en el baño y suspiraba aliviado. Salió ajustándose el cinturón y diciéndome que no terminaba más la película, no terminaba más. Se reía y buscaba jabón para lavarse las manos. ¿Por qué estás llorando? ¿Te asusté? ¿Alguien te hizo algo? Negué con la cabeza, nadie me hizo nada, puedo decir honestamente que últimamente nadie me hizo nada malo, sólo cosas buenas. ¿Entonces? No supe que decir pero acepté que me ayudara a lavarme la cara y que me pusiera corrector de ojeras y mucha máscara mientras me contaba que ayer un chico lo había hecho llorar. Que cosa los chicos, no perdonan sexo.

Me quiero ir de mi mente. Porque a pesar de no ser un ejemplo de las grandes mentes de mi generación algo tengo y a veces no puedo con lo que hay. A lo largo de estos años y al final de cada uno, al final de cada mes, de cada día, de cada hora, al termino de cada estación, cada vez que creo que puede ser posible, en todo momento que tengo la esperanza de que lo real es también lo que imaginé. Antes de dormir, cada noche, lo que más deseo que exista en mi vida es amor, y que ese amor, multiplicado en cada una de sus formas, sea el que hable de mi vida. Siempre. Me quedo con eso antes que con cualquier cosa y eso no implica que haya renunciado a todo lo otro, significa que ya no puedo encontrar otra manera de hacer las cosas que no sea bajo el signo del amor. No sé si hay aires de época que marquen el ritmo de todos, incluso el mio. Sí sé que finalmente renuncié, no tengo una fecha exacta de cuándo o cómo, a todo lo que no tenga que ver con el amor. Cuando llegué al grado cero del odio que en mí se transforma en desesperación, en ese momento de cansancio encontré algo parecido a la vitalidad de los 21, y los hilos imposibles de cortar de todo aquello que me une con las más puras expresiones de cariño. Hay nombres propios, hay objetos, hay años exactos, recuerdos, sensaciones y marcas que registran que no me tengo que olvidar nunca que la fuerza del amor no es la fuerza de la política: es la fuerza de la intimidad y la belleza. La potencia que encuentro cuando me encuentro querida en paralelo con el abismo que implica dejar de serlo es mi molotov. Si a esta altura, después de tanto pelear, renuncio para dejar de lado la guerra sé que tengo las chances de encontrar algo más interesante que la victoria, y eso no es otra cosa que aprender a dejarme querer. Me sale y no me sale, todo junto. Si me tengo que volver a inventar un mundo nuevo lo hago, si lo tengo que empezar a poblar lo hago, ningún trabajo es mucho trabajo si las tempestades que pienso cosechar son la fuerza suave. Y en cada deseo mío que se llevó una estrella y no encontró su respuesta en la oscuridad encuentro el sueño, el sueño que tengo cada vez que dormimos, y llorar debería ser para mi de ahora en más un acto de felicidad desmedida.

Públicado originalmente en Bonk

bonk.com.ar/tp/daily/1964/llora-por-lo-que-no-tiene-que-llorar-por-lo-que-tiene-que-llorar-no-llora